viernes, 23 de mayo de 2014

Por Tatiana Gabaldón Martí:
ALBERTO JOSÉ RUDAS MEZONES.
La Fiscalía General de la República Bolivariana de Venezuela y la Comisión por la Justicia y la Verdad, entregó hoy 22 de Mayo de 2014, los restos del luchador social Alberto Rudas Mezones a sus familiares.
El 13 de junio de 2013, el Gobierno Revolucionario, representado por La Fiscalía General de La República Bolivariana de Venezuela y La Comisión por la Justicia y la Verdad, realizó la exhumación en el Cementerio General del Sur, de los restos físicos del combatiente y estudiante revolucionario Alberto Rudas Mezones, quien fue asesinado el 15 de noviembre de 1961, durante una manifestación estudiantil en el sector El Silencio en Caracas, bajo el mandato presidencial de Rómulo Bentancourt, el rey de "Disparen primero y averigüen después", en protesta por el bloqueo brutal que los Estados Unidos había impuesto contra la hermana República de Cuba, por el solo hecho de haberse atrevido a luchar por la libertad y soberanía de su pueblo y lograr la victoria.
La Digepol, no conforme con haber herido a Alberto, se lo llevan aún con vida a una sala asistencial y lo rematan a golpes, dejándolo tirado. La familia va en busca del herido y se encuentran con la terrible noticia de su muerte, su madre con gran fortaleza le sierra sus ojos que aún permanecían abiertos y se lo llevan para velarlo en unión a la familia, camaradas, amigos y vecinos. En medio de los rezos llegaron las fuerzas policiales de la Digepol, secuestran violentamente el cadáver y lanzan a la calle todos los enseres fúnebres, destrozan lo que encuentran a su paso y atropellan a los dolientes con golpes y culatazos. Los lamentos se confunden con la ira y la impotencia.
¿A quién recurrir? si apenas tres años antes,se había derrocado la dictadura de Marcos Pérez Jimenez, con la esperanza de por fin vivir en democracia, si ese mismo pueblo había sido llamado a las urnas para elegir a sus verdugos.
Un joven que ese funesto día 15 de noviembre de 1961, contaba con tan solo 18 años y un futuro que vivir, una familia que construir, un país por el cual luchar, le acortaron su vida, no le permitieron crecer. ALBERTO, TUS ASESINOS, HOY ESTÁN REPRESENTADOS POR CAPRILES, MARIA CORINA, LEDEZMA, AVELEDO, LÓPEZ, FALCÓN, MUCHACHO, BLEIR, ETC, ETC, ETC. Estos, que hoy piden respeto a sus derechos humanos, esos que exigen libertad para "sus presos políticos", no recuerdan que presos políticos eran los de la 4ta República, que eran torturados y asesinados en todas las cárceles y Teatros de Operaciones de Venezuela, los cuales estaban repletos de hombres y mujeres valiosos y desaparecidos, como el caso de Alberto Rudas Mezones, que estuvo ausente de sus seres queridos por muchos años, hasta que se descubrió que estaba en una tumba anónima del Cementerio General de Sur en Caracas, igual que pasó con Noel Rodríguez.
Su consigna era: "HACER LA PATRIA LIBRE O MORIR POR VENEZUELA". HONOR Y GLORIA A TODOS LOS HÉROES CAÍDOS EN LA LUCHA, POR LA LIBERACIÓN NACIONAL Y EL SOCIALISMO. VIVA ALBERTO RUDAS MEZONES.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Ese día, un miércoles de sol, había asamblea. De fondo la montaña de Sorte, que abusa, amable, un portento abarcador y otro fresco en el rostro. Toman un salón de la Unidad Educativa María Silvestre Espinoza, ubicada en la comunidad El Copey, escuela que se construyó bajo poder comunal. Son seis los consejos comunales que impulsan la comuna Máximo Vizcaya, y sus voceros que se reúnen con pizarra de puntos a tratar.
Primer punto: distribución de venta de azúcar y caraotas (que ellos mismos cultivan) en las comunidades pertinentes. Se debate por el precio, si se hará en combo, si se vende de forma particular. Unos a favor, otros en contra. ¿De qué? De todo lo debatido. Señalan cálculos, números, esquemas. Trabajan, en el buen sentido de la palabra. No llegan a acuerdo alguno, aunque tienen poco más de 10 minutos discutiendo, hasta que Deivis Suárez pide el derecho de palabra y reclama: “¡no podemos pensar como comerciantes porque somos pueblo! No queremos hacernos ricos, ¿o sí?” Quedan de acuerdo, en colectivo, precios que la clase media de Caracas envidiaría.
Segundo punto: censo del gas. Tienen una Empresa de Producción Social (EPS) de Gas Comunal, auspiciada por el ala concerniente de PDVSA. Faltan algunas partes de pocas comunidades por el servicio. Otro acuerdo.
Tercer punto: rendición de cuentas: plan vacacional comunal. Tienen tres años en eso; atienden alrededor de 200 niñxs. Se informa cuánto se gastó en la última semana, en qué, cómo. Hacen una vaca en cada asamblea para contribuir a la diversión de los menores (hasta piscina logran alquilar).
Cuarto y último punto: problemática en Pedro Camejo, empresa “socialista” (comillas bien malintencionadas) que se dedica a la mecanización industrial de la agricultura. Ezequiel Castañeda, quien hace enlace con los trabajadores de la empresa, denuncia el maltrato y la poca deferencia de la nueva directiva hacia el proletariado y los campesinos. Se habla de conformación de consejo de trabajadores, que qué pasó con eso, de hacer algo. Ezequiel dice: “hay rollo porque los jefecitos quieren joder a los trabajadores, la problemática es alta”, y finaliza luego de la necesaria perorata: “nuestra solidaridad para con los trabajadores de esa empresa ique socialista”.
La asamblea es un foco de luz en el municipio Bruzual, en Yaracuy. Por eso, tal vez, ya a eso de las seis de la tarde los insectos empiezan a tomar el salón, a expulsar para la calle a los comuneros en cuestión, como diciendo con Martí: la mejor forma de decir es hacer. Y se hace.

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Amarelis Guzmán es una señora con energía de niña. Trabaja a tiempo completo para la comuna, para resolver problemas; tiene el don de la ubicuidad: está donde la necesiten. Cree que el Estado no debe tutelar porque eso fue lo que hicieron con nosotros los pobres durante más de 500 años de historia: “No queremos que otros vengan a hacer por nosotros, sino nosotros mismos hacer”. Serena, explica la dinámica comunera: “qué más gobierno de calle que el que nosotros hacemos en asambleas, decidiendo en colectivo lo que es mejor para todo el ámbito de la comuna”, y pretende hilvanar un discurso que no cree en paternidades impuestas: “no queremos que papá gobierno llegue y nos haga las casas, porque nosotros mismos podemos construir nuestros propios hogares”. Tienen un déficit de un poco más de 200 viviendas. Eso tiene resuelve: en un barrio de El Copey (palabra que viene de la lengua originaria de los ayamanes y significa hombres y árboles grandes), se activa una jornada de autoconstrucción con materiales donados por la Misión Vivienda Venezuela, lxs comunerxs, entre la lluvia y la jodedera, chambean sin quejarse. Tienen suficiente barro (ocioso) en derredor y monte parejo como para pretender desconfiar de la ayuda que legó el Coman. Amarelis remata con una reflexión: “no queremos hacer como en el capitalismo: aquí está la casa, y son cuatro paredes nada más, algo por salir del paso” sino tratar de experimentar para construir casas dignas, “de buen vivir”, comenta, para la gente de la comuna.

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No es sólo las casas en las que piensan lxs comunerxs del Yaracuy, sino también en otra forma de economía. En la asamblea anterior se atisbaba la facilidad para sacar cuentas y proponer sistemas financieros alternativos a algunas comuneras. Detentan con orgullo el impulsar lo que llaman economía comunal, que tiene su ley orgánica incluida. Desde hace tres años están organizados como Máximo Vizcaya, casi el mismo tiempo en que participan en el Sistema Nacional de Trueque, en el eje María Lionza, por supuesto.
Y por supuesto, en la comuna están claros que no pueden constituirse como potencia económica comunera mientras exista el capitalismo con la misma fuerza de hoy (por eso aún se piensa en venta de alimentos, aunque sea barato, en excedentes y proyectos que implican la fuerza financiera del Estado), pero sí pueden experimentar con el sistema de trueques y otras formas de ejercer “economía”, como el no pedir nada a cambio.

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Pero también, para ensayar otros modos, deben también pensar al detalle la creación de alimentos. “Necesitamos diversificar la producción, no sólo maíz, caraotas y frijol”.
Tienen tierra que jode para esos ensayos. El tamaño de la comuna consta de 523,23 hectáreas. Cultivables y cultivados: entre zanjones y ríos, alrededor de 400 hectáreas. Pero no desisten, exclama Amarelis, en impulsar y promover la siembra del frijol en sus numerosas variantes.
—¿Por qué el frijol?
—Por el aporte protéico que tiene. Hemos estado investigando durante estos años y observamos que los frijoles tienen demasiadas vitaminas, ayudan al crecimiento de todos nosotros y a la oxigenación del cerebro.
—Sin agrotóxicos, eh.
—¡Tú qué crees! Es una planta muy rústica, fuerte. Poco maltratada por las inclemencias del clima. Es muy poco atacada por las plagas.
—‘Ta bueno pa’ un conuco.
—‘Ta bueno pa’ un conuco. Aporta nitrógeno a los suelos. Y te digo algo: junto con el Centro de Investigaciones del Estado para la Producción Experimental Agroindustrial (CIEPE), aquí en Chivacoa, empezaremos los experimentos para el procesamiento del frijol para elaborar galletas, panes y bebidas saborizadas.

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Ezequiel Castañeda, quien en la asamblea del otro día había echao sendo discurso a favor de los trabajadores de Pedro Camejo, es un viejo-ni-tan-viejo campesino, de tez curtida por el sol y un verbo que parte rostro a cualquiera que se atreve a disparar cualquier tipo de munición, difamatoria o de metal, al trabajo comunero y la gente de su clase.
Ezequiel Castañeda
Foto: Vero Canino
“Nosotros tenemos que aprender a ser verdaderos agricultores, aprovechar el agua que viene de arriba”. Si se le pregunta por la calidad de la tierra yaracuyana, bromea: “si uno siembra piedra en este sector, piedras se dan”.
Busca pensar, junto a la gente de la comuna, cómo lograr una agricultura autosustentable, punto clave de la tan mentada soberanía alimentaria. Cree en la pequeña escala, en el fundo minúsculo, en el conuco. Dice que a veces tiene que trabajar solo, pero no reprocha a nadie. Tiene cierta entereza signada por el color moreno de su piel, por sus manos campesinas.
En el fundo zamorano donde trabaja, tierra perteneció por par de generaciones a los Castañeda, su familia, Ezequiel ahora tiene un sembradío, en pequeña escala (aproximadamente unas cuatro hectáreas), de auyamas y maíz amarillo. De paisaje el prodigio de Sorte y en las tardes un ocaso imperdible. La tierra cultivada no hace tributo, desde hace años, para las manos privadas de la familia sino que se adhiere al proyecto comunal, y también sirve de especie de escuela campesina para que lxs chamitxs y cualquiera que se quiera acercar para aprender a trabajar con la siembra y sobre ciclos lunares y climáticos que sirven como sistema de riego natural (incluso planean fundar una unidad educativa agroindustrial para profundizar conocimientos). Cada persona que trabaja aquella tierra tiene derecho a llevarse su porción de cosecha cuando el fruto arriba en su esplendor. Además, los rubros que se puedan cultivar también son repartidos o vendidos a precio solidarísimo a la gente de la comuna, según cual necesidad.
Los ríos, la lluvia, el bosque son vistos como fuentes de soberanía: cualquier cosa que sirva de soporte para la siembra y la cultura campesina es aprovechada para el fomento de la comuna. La realidad geográfica, entonces, es más que visión y punto de vista; es también hechura y cauce profundo de creación perenne, naturaleza y hombre en constante fusión.

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En la comunidad La Virgen, epicentro simbólico de la comuna, vive Máximo Vizcaya, el de carne y hueso.
—¿¡Es que el señor todavía vive!?
—Sí, tiene 90 años. La comuna tiene su epónimo, lo decidimos en asamblea, porque es una leyenda viva. Fue guerrillero y todo.
Máximo Vizcaya
Foto: Vero Canino
Máximo Vizcaya desde carajito es militante del Partido Comunista de Venezuela (PCV). Nació en Urachiche, cerca de las lindes de la comuna. Tiene por esposa a Guillermina Carrizalez, de 88 años, mujer encantadora, servicial y chavista. Una imagen análoga, casi exacta, de Máximo rememora al viejo Salvador Barazarte, en la película País portátil, sentado en una silla de mimbre hablando pausada y escuetamente con los fantasmas (“yo ya no tengo memoria”), con sombrero y bastón echando los cuentos de su época guerrillera, pero con la excepción de que no está solo sino rodeado de conuco y familia.
“Como yo ya no trabajo porque soy muy viejo, la tierra ahora es de ellos (de lxs comunerxs) porque sí la trabajan”. En otros años, Máximo dedicaba la mayor parte de su tiempo a la chamba campesina. Mantuvo su conuco por décadas, el cual aún se mantiene bajo el esfuerzo de sus hijos y de la gente que quiere llegarse a trabajar la tierra. Hay limón, ocumo, auyama, aguacate, guayaba, cambur, algunas especias, y refrú (o algo así, fruto que no sale en el buscador de Google pero que sabe a casabe, como dice la locución popular).
Estuvo en la cárcel La Redonda durante seis meses por sus andanzas revolucionarias clandestinas. Preso otras tres veces más, sufrió también ocho allanamientos en la Cuarta. “Me vinieron a buscar aquí mismo en mi casa varias veces”.
Trabajó en las vías de alimentación de la guerrilla en el Frente José Leonardo Chirinos al mando del comandante Douglas Bravo, a quien recuerda con especial cariño. Ya son “un poco ‘e años cayendo y corriendo”. Hasta el día de hoy habla del partido de sus amores, el Comunista, como si fuera la razón de su existencia, como si fuera intachable. Sus razones tiene, Máximo. Con su bastón bien plantado y sus dos manos que se sostienen en él, esgrima que gracias al partido salvó su vida en aquellas épocas. “Me salvé por poquito de la masacre de Yumare”, dice.
Ya no carga fusil en ristre pero lxs comunerxs decidieron hacerle un homenaje en vida a quien, dicen, es bastión de la lucha revolucionaria en la historia de Venezuela. La zona de la comuna, sobre todo en los cerros, tiene tradición guerrillera, lo que se llamó en algún momento izquierda radical.

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La Unidad Educativa María Silvestre Espinoza, la escuela en El Copey donde se reúnen a veces en asamblea, hace tributo también a la época guerrillera. María Silvestre Espinoza fue una educadora de clase media que se metió a comunista en la década de 1960. Verónica Mercedes Espinoza, su hija comunera, cuenta que aquellos eran otros tiempos, la lucha armada popular estaba justificada, hoy ya no tanto si no es para defender la matria de fuerzas foráneas, imperiales. Sin embargo, hay que ser franco: “como comuneros no queremos nada del poder burgués”, dice como dictando un comunicado con su tierna voz.
Ezequiel, por su parte, opina: “la comuna sirve para destruir este Estado burgués que aún nos domina, para construir el verdadero socialismo que andamos soñando los obreros y campesinos de este país, y especialmente en Yaracuy”.
Amarelis cuenta: “esta comuna ha dado pie para no tributarle al patrón, público y privado. Esa es la verdadera revolución”.
Uno de los hijos de Máximo, Sólido Vizcaya, conversa sobre la necesidad de trabajar la tierra: “en el campo es donde se puede hacer comuna; en una ciudad, donde se acostumbra consumir y no producir, la cosa se pone cuesta arriba”. Preguntamos ¿retóricamente? con Sólido: ¿se puede sembrar en el cemento?

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La comuna Máximo Vizcaya es la primera y única registrada en el estado Yaracuy. Su visión agrarista, de tenencia y trabajo orgánico con la tierra y la naturaleza en conjunto, lo pone en la vanguardia del trabajo comunal en el país. Además, tienen otros proyectos: una bloquera, casas de cultivo para la siembra de huertos y una red de aguas blancas (tienen problemas de aguas servidas en algunos sectores), que tendrá como servicio natural la quebrada La Bonita (su nombre habla por sí solo) en la comunidad Cocuaima.
El problema de la representatividad viene de la Colonia, están claros lxs comunerxs. No van pendientes de cargarle los ladrillos a nadie sino de trabajar en colectivo. Y lo demuestran con el hacer: “más allá del papel, el hecho nos hace gobierno”, dice Ezequiel.
Gente bonita la del chavismo genuinamente creador, con Sorte de fondo. Se siente cómo la gente de la comuna Máximo Vizcaya, con todos los tropiezos que el capitalismo y su cultura nos impone en contra, escala la espalda de María Lionza, que al decir de la epónima canción de Rubén Blades, “cuida el destino de los latinos el vivir unidos y en libertad”.