miércoles, 22 de enero de 2014

El 23 de enero celebramos el Día de la Democracia

Fabricio Ojeda, maximo lider del movimiento Civico-Militar que derroto al tirano...


Javier Vílchez 


El 23 de enero de 1958, Venezuela vivió una de sus más hermosas faenas libertarias cuando un movimiento cívico-militar derrocó al gobierno de Marcos Pérez Jiménez, quien se marcha a República Dominicana a bordo del avión presidencial "la Vaca Sagrada", a pesar de que un mes antes, se había efectuado un plebiscito para prolongar su mandato, darle cierta solidez a su régimen y legitimidad ante las Fuerzas Armadas. Sin embargo; ya se había acelerado un profundo proceso de deterioro que terminó 23 días más tarde con su caída, el derrocamiento de la dictadura se convirtió en una causa nacional, pues al conocerse la noticia el pueblo se lanzó a las calles, saqueando las casas de los adeptos al régimen; atacando la sede de la Seguridad Nacional, linchando a varios funcionarios, destruyendo la sede y los equipos del periódico oficialista El Heraldo.


El Palacio de Miraflores se convirtió en el sitio de reunión de los sublevados y de innumerables dirigentes políticos y personalidades, quienes procedieron a nombrar una Junta de Gobierno Provisional que reemplazara al régimen derrocado. La Junta la constituyeron el Contralmirante Wolfang Larrazabal, como Presidente, y los Coroneles Carlos Luis Araque, Pedro José Quevedo, Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Al amanecer del día 23, los venezolanos celebran la caída de Pérez Jiménez, a la vez que protestan por la presencia en la Junta de Gobierno de Casanova y Romero Villate, reconocidos miembros del depuesto régimen; quienes fueron obligados a renunciar y reemplazados el día 24 de enero por los empresarios Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. Para facilitar el trabajo de la Junta de Gobierno y restablecer la democracia en Venezuela, se designó también un gabinete provisional compuesto por juristas, empresarios y ejecutivos, reservándose a un militar, el Coronel Jesús María Castro León, el Ministerio de la Defensa.


Posteriormente, la Junta de Gobierno convoca a elecciones para diciembre de ese mismo año; se liberan presos políticos, se amplía la Junta Patriótica con sectores independientes, se ratifica en la presidencia al periodista Fabricio Ojeda; se abre el proceso de castigo a los personeros del gobierno saliente y regresan los exiliados.


Esos días sellaron una nueva etapa en la historia de la Venezuela contemporánea. El 23 de enero de 1958 se considera un triunfo del pueblo. Ese día, el pueblo enardecido, salio a las calles en todo el país, a celebrar la caída del régimen y a tratar de acabar con los funcionarios que se habían ensañado en la persecución política durante toda la década. Miembros de la terrorífica Seguridad Nacional fueron linchados; otros se escondieron por largo tiempo o escaparon al exterior.

sábado, 18 de enero de 2014

Rescatando la Memoria Histórica Revolucionaria

A 39 años de la Fuga del Cuartel San Carlos

Con orgullo rebelde, combativo y libertario, los militantes de la Coordinadora Simón Bolívar rinden tributo a quienes, como muestra de constancia, convicciones y espíritu de lucha, hace 39 años, un 18 de Enero de 1975, en la ciudad de Caracas, realizaron la digna fuga del Cuartel San Carlos.
Para esa fecha, enmarcada en el terrible ambiente de represión y de injusticias sociales, ejecutadas por los partidos de la derecha criolla venezolana, Acción Democrática (AD) y COPEI, 23 guerrilleros revolucionarios, victimas de la falsa democracia representativa, lograron evadir la seguridad de la cárcel para presos políticos, como lo fue el Cuartel San Carlos, considerado, para ese momento, como de máxima seguridad y fortaleza y el más seguro del país.
Estas personas fueron: Carlos Betancourt “Comandante Gerónimo”, Gabriel Puerta Aponte, 2do Comandante de Bandera Roja, Francisco Parada (FALN), Pablo Hernández Parra, Croquer Chang, William Álvarez, Carlos Leonardo Araya, Ramón Morales Rossi, estudiante de Sociología UCV, Marcos Julio Croquer, Jesús Marrero, Rafael Uzcategui, Leonardo Serrano, Marcos Ludeña, Vicente Contreras, Ali del Carmen Torres, Alejandro Roja, Emperatriz Guzmán, Mary Luz Rojas, Asdrúbal Guzmán, Leobardo Solórzano, Héctor Vivas, Quintín Moya y Efraín Betancourt
Formaban todos parte de esas generaciones de jóvenes combativos que no se rendían ante el poder ni dudaban de arriesgar hasta su propia vida por defender los ideales revolucionarios que se identificaban con las luchas populares. Pero al igual que en todo proceso social, encontramos diferentes grados de preparación, convicciones, lealtades y principios, que van desde la ofrenda de la vida por la causa empeñada, hasta la traición.
Ramón Elías Morales Rossi, fue posteriormente capturado y llevado a la penitenciaria de la Pica, donde también logró evadirse, para luego perderse en la clandestinidad, hasta que fue indultado. Ramón Morales Rossi, ha trabajado recientemente en el gobierno bolivariano. Marco Ludeña fue un destacado deportista. Fue el primero abatido en el kilometro 52 poblaciones Anaco - Puerto La Cruz en Octubre del 77. Otros desaparecidos Ali Torres, Emperatriz Guzmán Cordero, ajusticiada en la masacre de Cantaura el 4 de Octubre de 1982. Vicente Contreras Duque asesinado en la vía el Pao, Estado Bolívar, Efraín Betancourt, en Maracay, Quintín Moya, en el Tigre y Ali del Carmen Torres, murió del mal de chaga. Se pasaron a las filas del gobierno como Disip, Marcos Julio Croquer y Ali del Carmen Torres.
El presidente Luis Herrera Campins, les otorgó la libertad plena con una Ley de Amnistía autentica, entre los años de 1981 y 1982.
En el gobierno de Chávez como funcionario Ramón Elías Morales Rossi, Rafael Uzcategui del PPT y Asdrúbal Guzmán, el resto se ha ubicado en otras actividades comerciales, privadas y partidistas como Gabriel Puerta Aponte, Secretario General de Bandera Roja, a nivel nacional.
Sirvase su ejemplo a las actuales generaciones de funcionarios del Estado, quienes han llegado a ostentar el poder político, sin haber arriesgado nunca nada, para que reflexionen y entiendan que muchas otras personas entregaron sus vidas en esta lucha constante entre la burguesía y el Pueblo Pobre. Y sobretodo sirva su legado a las nuevas generaciones de jóvenes para que se motiven en ser responsables con su formación ideológica, a fortalecer sus convicciones y abrazar esta lucha de nuestra gente por la Libertad y la Justicia Social.
Rescatando la Memoria Histórica Revolucionaria
Desde Venezuela, Tierra de Libertadores, a 522 años del inicio de la Resistencia antiimperialista en América y a 204 años del inicio de Nuestra Independencia
Coordinadora Simón Bolívar
Revolucionaria, Solidaria, Internacionalista, Indigenista, Popular y Socialista

jueves, 9 de enero de 2014

VILLANUEVA

En noviembre recibimos la orden de concentrarnos en la zona de Marilonza. Vamos a operar con la Brigada 31 completa. Aníbal me encarga el plan táctico para la toma de un pueblito cercano, Villanueva, en la orilla del río Portuguesa.
Me voy adelante con Castaño. Espartaco me espera en Santa Marta, casa de José Rodríguez, campesino comunista, baluarte de la guerrilla de Fabricio Ojeda en la zona. Me entrega toda la información que ha recogido desde tiempo atrás.
En Villanueva hay un comando de la Digepol con cinco o seis hombres. En la entrada del pueblo está una alcabala con dos hombres. Todos están bien armados. En el comando opera un radio trasmisor.
Quiero acercarme de noche para entrar al pueblo y recorrerlo. No me lo aprueban. Se lo considera muy peligroso. Mientras llega el día de la operación nos concentraremos en una roza en las cabeceras de la Hacienda Peña Blanca, de Don Antonio Cadenas. Un viejo amigo de Carache, que siempre lo había recibido en su casa y lo atendía muy bien.
Mando a levantar al menos un croquis del pueblo para diseñar la forma de entrarle. Hay que cumplir dos tareas primeramente, controlar la alcabala y tomar el comando. La hora de la operación debería ser a las seis de la mañana, cuando los policías todavía están durmiendo.
A principios de diciembre llega el Comando de la Brigada, con Carlos Luís Hernández, recién incorporado, quién será el jefe de la operación. Después de la operación Carlos Luis asumirá la jefatura de la Brigada, pues Carache quiere que Aníbal se incorpore al Comando del Frente a tiempo completo y ande con él.
El plan es largamente discutido en el comando formado por Aníbal, González, Espartaco, Carlos Luís y yo. Una vez aprobado escribo las instrucciones para el jefe de cada grupo.
Al mismo tiempo vienen llegando los tres destacamentos de la Brigada. El Sandalio Linares con Elías a la cabeza.
Con él vienen José Luis, El Pelón, Humberto, el Primo, Winston Briceño, Alfonso, Ruyío (ex policía bancario), Raúl (hijo de Teófilo Quintero, viejo comunista de la Zona Roja), Macario, Martiniano y Carlitos. Con el Destacamento Tigres de Miracuy, Pavel quién ha asumido la jefatura, ya que Pedro Calagía anda con Carache como jefe de la escolta del Comando. Tamakún, Pacífico, hermano de Rafael Miracuy, Isidro Colmenares “Rosendo”, recién incorporado, Francisco Palma “Ezequiel” y Sofía.
Con los Tigres de Marilonza están Delfín, Alarcón, Calandro, Pedro Cabezas “Noche Oscura”, los Medina, Cheo, Abdón y El Negro, de una familia de la zona, veteranos desde la primera guerrilla de Fabricio Ojeda. Ramoncito, campesino de Santa Marta y Baudilio Salas “Villa”, un guerrillero que se incorporó espontáneamente, es decir, que no vino por la vía de ninguno de los partidos amigos, despertando mucho recelo al principio, pero ganándose poco a poco la confianza.
Montamos el campamento en la roza. Espartaco ha acumulado mucha comida. Hay una siembra de auyamas, de modo que nos alimentamos bien y hacemos mucho ejercicio para mantenernos en forma.
Una noche escuchamos por la radio la terrible noticia de que Carache ha muerto. No lo podemos creer. No nos explicamos qué ha pasado. Es un golpe durísimo. Quedamos todos desconcertados y dudamos que sea conveniente seguir adelante con el plan. Enviamos un mensajero a El Tocuyo a confirmar la noticia. Regresa al día siguiente ratificándola. Es verdad. No sabemos en qué circunstancias murió, pero es así. Nos cuesta mucho mantener la calma. Los guerrilleros más sensibles no aguantan y lloran. Especialmente los campesinos.
Pasamos unos días de mucha duda. El veinte de diciembre decidimos seguir adelante con la operación, que sería lanzada el veintitrés. Priva el criterio de demostrar públicamente que a pesar de la desgracia, la lucha no se acaba.
La noche del veinte la pasamos casi sin dormir. El Comando se reúne con los jefes de los destacamentos y les comunica el plan. Al Sandalio le toca actuar contra la alcabala. El Marilonza la custodia de la carretera de Guarico y al Miracuy la retaguardia, la vía de regreso a la montaña. Una unidad principal, con guerrilleros de varios destacamentos, atacará el comando de la Digepol.
A las cuatro de la mañana nos ponemos en movimiento. Bajamos por el camino de Peña Blanca a Villanueva, tomamos primero un jeep en una casa vecina. Después tomamos otros tres en diversas haciendas de la zona. Aseguramos a sus dueños que los vehículos les serían devueltos intactos ese mismo día.
En el primero va Elías, con Humberto al volante y una parte del Sandalio Linares. Después, en dos jeeps vamos Carlos Luís, Robledo, Calandro, Pedro Cabezas “Noche Oscura”, El Negro y yo, acompañados de al menos diez guerrilleros más. Y en la retaguardia van Villa, Sofía, los Medina, y el resto de los Tigres de Marilonza.
Después de más o menos una hora de viaje, llegamos a Villanueva y comienza el desarrollo de la operación, como estaba previsto.
Elías y su gente cumplen su parte, liquidando a los policías de la alcabala. El primero en disparar, por sorteo, fue Ruyío con su fusil olímpico recortado.
Mientras tanto el grupo principal entra al comando y lo encuentra vacío. No hay nadie, para nuestra sorpresa. Pero inmediatamente comienza un fuerte tiroteo contra nosotros, que no sabemos de dónde viene. Nos echamos al suelo y solo entonces puedo ver que los tiros vienen de la Iglesia, que está al lado. No podemos ver quienes disparan, pero de allí sale el fuego. Por un momento pienso en disparar hacia allá, pero estamos totalmente al descubierto. Entonces veo a mi lado a Carlos Luis herido. Tiene varios tiros en el cuerpo y derrama mucha sangre. Más allá está Robledo con un balazo en el cuello y Noche Oscura también en el suelo, porque le han dado. El Negro tiene un tiro en una mano y a Calandro un balazo le partió un brazo y sangra mucho.
En pocos segundos me doy cuenta de que tengo que tomar la iniciativa. Asumo el comando de la operación y decido que tenemos que salir de allí si no queremos que nos maten a todos.
¿Qué hago? Robledo está muerto, tiene el cuello partido. Pedro Cabezas también está muerto. ¿Y Carlos Luis? Le pongo el oído contra el pecho a ver si respira y no siento nada. Creo que no respira.
Tomo la decisión de retirarnos llevándonos al menos a los heridos. Le grito a Calandro que se venga como pueda detrás de mí. Los Medina halan al Negro, que en su susto está paralizado. Salimos hacia la calle por donde habíamos entrado. Allí está uno de los jeeps. Otro está cerca de la alcabala. Tomo el volante, montamos a los heridos y recojo a los guerrilleros que están regados por el pueblo. Paso junto Elías y le ordeno que me siga con el otro jeep conducido por Humberto. Sofía y Villa, que están en la retaguardia no se dan cuenta en el momento de que nos hemos retirado. Pero al poco toman a pié la ruta de regreso hacia Peña Blanca por donde nos hemos ido.
Llegamos al sitio donde nos esperan Aníbal, González y Espartaco. Les informamos lo que ha pasado. La decisión es salir rápidamente de la zona por la ruta de la montaña para prevenir que el enemigo nos persiga.
Vamos muy lento porque cargamos a Calandro muy débil por la pérdida de sangre. A las pocas horas tenemos la alegría de que Sofía y Villa nos dan alcance. Venían siguiéndonos el rastro desde la retirada en el pueblo.
Atravesamos la montaña de Marilonza y al salir al otro lado decidimos dividirnos. Aníbal se va hacia el Yacambú con el Destacamento Tigres de Miracuy y parte del Sandalio, mientras yo saco a Calandro por la vía del llano. El padre de Winston Briceño vive en un hato cerca de Ospino. Al caer la noche Winston se dirige hacia allá y regresa a las pocas horas con un vehículo donde montamos a Calandro con la idea de que salga hacia Caracas a curarse.
Después regreso a Santo Domingo, sumamente deprimido por la experiencia. No solo perdimos a Carache, sino acabamos de tener un descalabro. Además la partida de Calandro me afecta. Es uno de nuestros compañeros más queridos. De los que se vino con nosotros de Caracas a fundar el Frente. Es un veterano muy valiente y no sabemos qué va a ser de él.
Tengo en la cabeza la imagen de todo lo que pasó en Villanueva. Me acuerdo todos los días. Recuerdo la agitación del combate. El ruido de los tiros y el olor de la pólvora. Era el mismo que había sentido en Caracas en uno de los combates del Aparato Especial en la Avenida San Martín cuando la huelga de transporte. Tengo la virtud de guardar la serenidad en esos momentos. Fue lo que me permitió salvar la Brigada cuando mataron a Carlos Luis. Pienso que estoy hecho para esto.