jueves, 18 de octubre de 2012

Alberto Lovera.para nunca olvidar.....

Estamos en un momento histórico en el que se hace necesario recordar la manera en cómo el sistema “Democrático” de la cuarta república aplicaba sus políticas sociales y cómo ese mismo sistema devoró y “desapareció” a muchos de los que se le oponían cuando, por perseguir un sueño en común, fueron brutalmente castigados unos y asesinados otros.


El profesor Alberto Lovera, un dirigente revolucionario surgido de la clase obrera petrolera venezolana que fundó varios Sindicatos Petroleros en el Estado Zulia al tiempo que fue cofundador de la Juventud Comunista (JCV); dirigente del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en el Zulia, Lara y Caracas; activo organizador de la huelga petrolera de 1950 y activo luchador desde los primeros instantes de la derrota de la dictadura de Marco Pérez Jiménez. Cuando fue detenido y desaparecido en 1965, formaba parte del Buró Político del Partido Comunista de Venezuela (PCV) siendo uno de sus máximos dirigentes que militaban clandestinamente.

Nació en el estado Nueva Esparta, y desde muy joven estuvo vinculado a las luchas emprendidas por los trabajadores portuarios y pescadores del oriente del país. Luego se fue a trabajar al Zulia donde, en los Campos Petroleros, fue testigo no sólo de la aberrante explotación del hombre por el hombre, sino también del saqueo y la corrupción que sufría Venezuela comandada por traidores vende patria que, en comunión con los imperios extranjeros cosían y descosían al país.

Allí en el Zulia fue pionero organizando a los obreros petroleros en sindicatos clasistas llamados Sindicatos Rojos junto al PCV, partido del que ya formaba parte activamente como dirigente. Posteriormente se traslada al estado Lara para finalmente radicarse en Caracas entregándose de lleno a la lucha por la justicia y la libertad nacional, por un mundo más humano, lejos del capitalismo salvaje, del consumismo y de la opresión.

Alberto Lovera, un 18 de Octubre de 1965. Al parecer lo delató un camarada llamado Aníbal González, quien informó que Lovera saldría de su escondite en el edificio “San José” en Las Acacias y desde allí lo siguieron. El día señalado a eso de las 18:00 horas, Lovera transitaba en su automóvil, un Mercedes Benz azul por las inmediaciones de la Universidad Central de Venezuela, cuando, abruptamente, fue interceptado cerca de la Plaza de las Tres Gracias por una comisión de la DIGEPOL encabezada por el “capitán” Carlos VEGAS DELGADO. Para ese momento el Ministro de Relaciones Interiores era el doctor Gonzalo BARRIOS.

El profesor Lovera fue trasladado a la sede de la DIGEPOL en el Edificio “Las Brisas” donde se presume comenzó a ser torturado. El auto de Alberto fue visto en el sótano del estacionamiento de ese cuerpo represivo por otros detenidos, y así comienza la cuenta regresiva para Lovera, sometido a brutales maltratos por “los muchachos de Carlos Andrés”, entre quienes se mencionó a Roberto ROMERO, Miguel AGUILAR, Pedro CISNEROS, Alberto OCHOA, José Ramón ANTÚNEZ, Carlos FERRARA, Douglas RODRÍGUEZ, Eduardo ARMENTEROS GONZÁLEZ y Mario Segundo LEAL. El director de esa policía política para ese entonces era J. J. PATIÑO GONZÁLEZ.

Aparentemente la orden no era matarlo sino sacarle información pero, el 23 de octubre a tempranas horas de la noche, Alberto es llevado al Retén “Planchart” en Puente Mohedano, donde actualmente está el Conjunto Residencial Parque Central y allí continúan torturándolo salvajemente.

Seguramente Alberto Lovera nunca habló. Se mantuvo incólume hasta que los esbirros deciden trasladarlo al Campo Antiguerrillero de “Cachipo” en el Estado Monagas. Cuando llegan, un comandante del TO-4 rechaza su ingreso debido al estado físico en que se encontraba por lo que vuelven a montarlo en el carro en el que lo trasladaban.

Es así que comienzan a publicar en El Nacional, una serie de noticias del caso Lovera con el fin de confundir e inculcar falsas ideas, impulsadas por el dirigente adeco Carlos Canache Mata, negando la responsabilidad del gobierno en las torturas que había sufrido el dirigente socialista, insinuando que Lovera había huido incorporándose a la guerrilla muriendo allí, en manos de sus propios camaradas por desacuerdos internos.

El asesinato de Alberto Lovera fue el resultado del ejercicio de un poder sin moral, de un terrorismo de estado sin precedente que violó todo derecho humano y toda dignidad. El expediente fue adulterado, los testigos fueron coaccionados: unos se retractaron, otros optaron por cambiar las declaraciones rendidas ante la comisión investigadora de dicho caso y otros fueron igualmente asesinados. Hoy en día los autores de este homicidio siguen libres y resguardados bajo el ala de la impunidad.