domingo, 30 de junio de 2013

NARRACIONES DE PARISCA... 

TOMADO DEL BLOG http://jcparisca.com.ve/

I PARTE 

SUBIDA

Salgo una mañana para Barquisimeto. El plan es llegar a una pensión, quedarme a pasar la noche y esperar que me pasen buscando al otro día. Esa noche comienzo a toser. Me da fiebre. Amanezco muy mal. Busco a una camarada llamada Yoléida, de la Juventud Comunista de Lara, que vive cerca. Me lleva al Hospital. Me ven en Emergencia y me diagnostican una neumonía. Me dan unos antibióticos y me mandan reposo absoluto. Toso continuamente. No puedo “subir”. Regreso a la pensión. Paso varios días en cama.
Yoléida me visita algunas veces, para ver como estoy y me lleva algo de comer. Es la novia de un dirigente de la Juventud Comunista de Barquisimeto, que considera todo esto una grave violación de la seguridad y en realidad lo es, ya que la organización regular no puede mezclarse con nosotros los guerrilleros. Para peores cosas se entera Ramón Querales, el poeta, Secretario Regional de la Juventud. Tipo muy pacato que no simpatiza con la lucha armada. Me amenaza con acusarme para que me sancionen.
Cuando dejo de toser mando a avisar y una tarde me vienen a buscar en un jeep que me lleva a Sanare. Subimos por la calle principal hasta dos cuadras antes de la plaza. Doblamos a la derecha en la central de CANTV. Me quedo junto a la cerca. Al rato me pasa a buscar un campesino al que debo seguir. Después sabré que se llama Alcario Rodríguez, de Volcancito.
Hay que continuar a pie sin pasar por la plaza. No cruzamos mayores palabras. Es muy callado, como la mayoría de la gente de por aquí. Lo sigo cuesta arriba por la carretera de tierra que lleva al valle del río Yacambú. Hay muy poco tráfico. Cuando se ven las luces de algún carro nos escondemos en el monte a dejar que pase. Llueve torrencialmente. Hasta hace poco se podía entrar a la zona en carro, pero vienen ocurriendo denuncias atribuidas a un bodeguero sapo llamado Castro Hernández. Caminamos toda la noche. En Chamiza, el fin de la caminata, paramos en una casa donde vive una familia amiga. Entramos por la cocina. Me ofrecen café. Estoy extenuado y muy mojado.
Es La Carmonera, la finca donde habían estado trabajando entre la población campesina Donato Carmona “Breto” y Pedro Alastre, dirigentes nacionales del Partido. Miembros del Comité Central. Se habían tenido que ir de la zona por las denuncias del sapo. En la finca viven los Goyo, una familia de varios hermanos todos comunistas. Santos, Soleino, José, Baudilio. Las hermanas, Ema, Andrea y Carmen, a su vez están casadas con comunistas. Uno de ellos es Gil Pérez, muy activo en la zona quien se identifica abiertamente como comunista, por lo cual será uno de los primeros perseguidos por el enemigo.
Me acomodo en una troja en una casa de trabajo en la roza vecina a la casa de la familia. Me pongo ropa seca que me han entregado junto con una cobija. Me envuelvo en la cobija y me recuesto a descansar. Amanece. El guía se ha ido y aparece Baudilio Goyo. Vienen unos niños y la mujer de Baudilio con una taza de café y una arepa. Me saludan con cariño. Pongo a secar al sol la muda de ropa de la noche anterior.
La mañana es muy asoleada. Estoy parado mirando al sur. En la hondonada del valle pasa el río Yacambú, que no se ve. Al frente la Fila de Miracuy. Todo es de un verde muy intenso. Por primera vez aprecio la inmensidad de la montaña, el escenario imponente por donde estaré por mucho tiempo. Aquí me siento muy seguro.
Baudilio se va para venir por la tarde para continuar la caminata. Veo a Ema Goyo parada en la puerta de su casa con un radiotrasmisor portátil con el que se comunica con el comando, al otro lado del valle, para informar sobre la presencia del enemigo.En la tarde aparece Baudilio con una mula cargada con dos sacos. Tomamos un camino que baja hasta la orilla del río. Atravesamos el caserío Volcancito. Baudilio se para en la casa de Manuel Jacinto Villegas, el mayor de una larga familia de gente nuestra. Salen Manuel Jacinto y unos niños. Me saludan. Cruzan algunas palabras con Baudilio. Seguimos.
La gente de Volcancito es descendiente muy cercana de los indios gayones o guayones que ancestralmente habitaban la zona. Tienen un acento raro. Hace dos generaciones aquí todavía se hablaba la lengua antigua. La organización social es totalmente tribal. Manuel Jacinto, el mayor, es un cacique que lo decide todo.
Atravesamos el río antes de anochecer y comenzamos a ascender de nuevo. Pasamos frente a algunas casas, pero no entramos. Subimos a Cerro Blanco. Seguimos subiendo. Llegamos ya amaneciendo a una casa de trabajo en un conuco, roza se llama aquí, que bordea la selva. Aquí se llama “montaña” a esa vegetación alta en la cresta de las filas, que nunca ha sido cortada. La roza es de Celestino Torrealba un campesino amigo nuestro que vive aquí temporalmente con su mujer. Tienen varios niños. La casa es muy pequeña. Las paredes son varas de madera rústica con separaciones por donde penetra el frío. “Palo a pique” se llama por aquí. Me quedo fuera. Una de las normas de seguridad que traigo, y que cumpliré rigurosamente durante toda la guerra, es no entrar en casas campesinas. Me sirven comida afuera. Caraotas, arepa y café. Una mazamorra de jojoto muy dulce. Como con gusto.
A mediodía llega un grupo de tres guerrilleros. Salen sigilosamente de la montaña por un sendero que entra a la roza como a cincuenta metros de la casa. Se detienen al salir de la montaña. Uno de ellos saca un radiotrasmisor portátil con el que se comunica con Ema Goyo en Chamiza para informarse sobre la situación en la zona. Se acercan y saludan con mucha risa. Al mando viene un joven flaco, de bigote, armado con una ametralladora Thompson calibre 45. Nos presentamos. Soy Pedro Manuel, le digo. Lo sabe. Se presenta como Pedro. Es Víctor Sánchez, dirigente sindical del sector imprenta del Partido. Trabajaba en Caracas en la Imprenta Nacional. Tiene como nombre de guerra “Pedro Calagía”. Por primera vez encuentro un seudónimo con apellido. Lo acompañan dos guerrilleros campesinos, Alcario Castillo “Luzbel” de Chamiza y Etanislao Linares “Villapol”, de Volcancito. Ambos armados con carabinas FN 30. Con otros dos que conoceré después, son los primeros cuatro campesinos de la zona unidos a la guerrilla en esta etapa. Comen lo mismo que yo. Conversan cordialmente con los de la casa.
Al rato Pedro me entrega un saco de fique con una bolsa plástica dentro para que meta mis cosas. Tiene un mecate a cada lado para cerrarla y ponérselo como morral en la espalda. “Maleta” le dicen los campesinos. Le pregunto por mi morral, que debería estar aquí. Me dice en tono de sorna que me conforme con mi maleta, que no sabe nada. En Caracas había entregado a la retaguardia para que me lo trajeran, un equipo de campaña muy completo especialmente preparado, con un morral de lona impermeable, con plataforma metálica en la espalda, bolsillos a los lados, correas para colgarse, una cobija de lana, una brújula, una chaqueta.
Me dice “nos vamos”. Lo sigo con mi maleta a la espalda. Detrás de mi vienen Luzbel y Villapol. Cruzamos la roza y entramos a la montaña. Vamos por una pica poco trillada. Hay mucho bejuco en el suelo. Me enredo y tropiezo a cada rato. No estoy acostumbrado a levantar los pies para caminar. Estilo típico de caraqueño bisoño. Pero estoy contento. Ahora si soy un guerrillero.
Llegamos a un claro en medio de la montaña donde hay un grupo de compañeros. Me recibe el propio Argimiro Gabaldón. Aquí es el Comandante Carache. Nos abrazamos con mucha emoción. En el grupo está Pedro Duno. Aquí es “Horacio”. Recapitulamos las conversaciones de semanas atrás en Caracas. Carache habla mucho.
Me presenta a todos los guerrilleros.
Entre ellos está Elías, mi compañero de la escuela de Manzanita. Qué gusto volverlo a encontrar. De aquí en adelante pasaremos mucho tiempo juntos. Se ha iniciado una amistad muy fuerte que va a durar toda la vida.
Me presenta a Gilberto Matheus “Espartaco”, estudiante de Trabajo Social de la Universidad Central. Carlos Galarraga “Calandro”, militante de la Juventud Comunista de Catia, quien habla con el acento del oeste de Caracas. Juan Vicente Montenegro “El Paisa”, andino, muy joven que conserva su acento gocho, estudiante de Geografía de la Universidad. José Rafaél Toro Torres “Alarcón”. Los otros dos campesinos baquianos, Amadeo Rivero “Rafael Miracuy”, de Cerro Blanco y Tiburcio González “Castaño”, de Chamiza. Juvencio Moreno Lucena “José Luis”, de la Juventud Comunista de Río Claro. Están también Nabor Fernández “Freddy”, hijo de Chelao Fernández, viejo comunista quién ha acompañado a Carache desde hace varios años. Estuvo en la guerrilla de los Humocaros. Su familia tuvo que emigrar de la zona. Ahora tres de sus hijos, Nabor, Cruz y María, son guerrilleros. Y Teodoro Villegas “Marcial”, hijo de Manuel Jacinto Villegas, de Volcancito.
En el sitio está Rafael Elino Martinez el “Gordo”, el Comandante “Máximo”. Ha llegado hace pocos días. Lo saludo con cariño. Parece estar muy preocupado. Vino a la zona trayendo a dos urredistas que habían sido enviados por Fabricio Ojeda. Uno de ellos era médico. Cuando llegan a Chamiza, a casa de los Goyo, Máximo saca de un morral un paquete de dinero donde trae 10.000 bolívares en billetes, una fortuna para ese tiempo. Se le han mojado y los pone a secar. Todos ven el dinero de reojo. Esa tarde continúan el camino. En la subida hacia Cerro Blanco va jadeante. El médico le ofrece ayuda. Máximo le entrega el morral. Siguen camino. De pronto no ven más al médico. En algún cruce se ha ido con el morral y el dinero. Probablemente tomó para irse un camino que sale al llano por Acarigua.
Poco antes de mi llegada ha salido un grupo con José Díaz “El Gavilán” hacia el oeste. Seguirán por la montaña hasta la zona de Humocaro Alto, donde tiene mucha gente amiga. Lo acompaña Ignacio Medina Silva “Comandante González”, militante de URD de Valencia, antiguo guerrillero que acompañó a Fabricio Ojeda en su incursión por esta zona el año anterior. Va con ellos para acompañarlos hasta el río Portuguesa. Conoce bien el camino y hará contacto con gente conocida en esa zona. En el grupo va Toñito, hijo de El Gavilán.
Carache me entrega mi arma, un fusil FN30, con cincuenta balas, una hamaca, un plástico para la lluvia, una escudilla de aluminio para comer, una cuchara y un par de botas de goma. Vengo muy incómodo, con los mismos zapatos que traigo desde Caracas. Le pregunto por mi equipo de campaña. Me dice que tengo que esperar. Me lo traerán en alguno de los lotes de pertrechos que nos manda la retaguardia.
Estamos en el campamento “El Paují”. Muy cerca del plan donde nos encontramos hay una choza grande techada de palma montañera, hecha por los guerrilleros con varas y bejucos cortados allí mismo. La cocina, es un sitio con tres topias al extremo del campamento, donde se cocina con leña, en una lata mantequera de cuarenta litros.
Al caer la tarde, a las seis, hay una formación en fila. Al frente se para el Comandante. Resume algunas instrucciones para la noche y nombra los turnos de guardia. La comida la hace un guerrillero asistido por otro a cargo de la leña y el fuego. La cena por lo general es una escudilla de atol de harina. Algunas veces café y un trocito de papelón. Después de cenar se cuelgan las hamacas bajo un plástico tendido sobre una cuerda para protegerse de la lluvia, que en esta zona y en esta época del año, es diaria.
Hay varios radios de batería. Se sintoniza el programa de noticias de Radio Rumbos y luego Radio Habana Cuba.

viernes, 21 de junio de 2013

Luchador y revolucionario

Este viernes se conmemoran 47 años del asesinato de Fabricio Ojeda 

POR ANAIS LUCENA


Ojeda nació el 6 de febrero de 1929. (Foto: Archivo).
Fabricio Ojeda, maestro, político, guerrillero comunista y periodista venezolano, estudioso de la independencia de Cuba y admirador de la revolución cubana, cumple este jueves 21 de junio, 47 años de haber sido asesinado, tras ser detenido y torturado por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Sifa), que respondía a las órdenes del presidente adeco Raúl Leoni.
Ojeda, nació el 6 de febrero de 1929, se desenvolvió como periodista en los diarios La Calle, El Heraldo y El Nacional, y representó a la Unión Republicana Democrática (URD), sin embargo alcanzó gran protagonismo como presidente de la Junta Patriótica en la revolución popular del 23 de enero de 1958, hecho que logró terminar política y militarmente con la dictadura del teniente coronel Marcos Pérez Jiménez.
En las elecciones generales de 1958, en las que resultó electo presidente Rómulo Betancourt (1959-1964), fue elegido como diputado de la URD, al Congreso Nacional, por el Distrito Federal. En 1962 se unió a la guerrilla y fue uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), donde llegó a obtener el grado de comandante.
A finales de 1962, fue detenido y sentenciado por un Consejo de Guerra a 18 años de presidio por Rebelión Militar. Pero recluido en la cárcel de Trujillo logró fugarse en compañía de otros compañeros.
No obstante, el 19 de junio de 1966, nuevamente Fabricio Ojeda fue apresado en La Guaira, y cuatro días después fue asesinado (ahorcado, con evidentes marcas de tortura), aunque la versión oficial aseguró suicidio). Ostentaba, al morir, el cargo de presidente de la Comandancia de FLN-FALN.

lunes, 17 de junio de 2013

Murió el dirigente revolucionario Julio Valero Roa

                                                         Foto y Texto: Rafael Pompilio Santeliz

Esta madrugada, del 17 de junio del 2013, fallece en la población de Sarare, estado Lara, el líder revolucionario Julio Valero Roa.
Julio Valero fue fundador del MIR, participó como el cuadro político más importante de esta región en las manifestaciones de apoyo a la democracia naciente y contra el golpe que dirigió el General Jesús María Castro León, el 20 de abril de 1960. Este personaje había sido Ministro de defensa de Larrazábal y se había alzado el 23 de julio de 1958, entra por el estado Táchira con el Mayor (AV) Martín Parada y toman el aeropuerto de San Cristóbal. Se suceden manifestaciones en Barquisimeto pidiendo castigo para los responsables de la asonada militar. Entre ellos estaba Raúl Zurita, Chiquito Caraballo, Silvio Figueroa, Elio Torres, Luís Falcón, Francisco Quero, director del liceo Lisandro Alvarado. Estos personajes junto a Eleazar Arce, secretario de la Juventud Comunista, quien no había participado en la manifestación, fueron presos como un pase de factura de AD, donde actuaba como jefe de la policía Benedito Parra. Fue  el doctor Abelardo Suárez Juárez, Juez segundo de instrucción, quien dictó auto de detención a estos luchadores por los sucesos del 25 de abril, donde fueron heridos estudiantes y gente de la población. En Barquisimeto hubo una especie de insurrección local, donde de alguna manera, la misma Guardia Nacional actuó como aliada de los manifestantes. Luego estos personajes fueron liberados.
Julio Valero continúa en la lucha y participa, posteriormente en el Porteñazo cayendo preso por largos años en el Campo de concentración de la isla de Tacarigua, dirigido por Rafael Caldera. Ya en los años finales de 1960 sale en libertad y se incorpora, a su tiempo, a las luchas que se iniciaban posteriores a la derrota de la lucha armada, en los barrios de Barquisimeto. Simpatizó con la OR, Organización de Revolucionarios, que se había separado del MIR y había continuado la lucha armada, con otras connotaciones como la combinación de formas de lucha.
En estas luchas legales y pacíficas participa Julio Valero, como educador y en el ámbito gremial, para posteriormente formar parte de la Liga Socialista, en donde fue militante activo y candidato a cargos en diferentes elecciones.
Hoy este viejo cuadro nos deja con sus enseñanzas y perseverancias. Será velado en su casa del Municipio Simón Planas, sector Los Mangos, vía Sarare, estado Lara, para luego ser sembrado en el cementerio nuevo, de la avenida Florencio Jiménez, a las 10 AM, saliendo de su casa a las 8 de la mañana. Paz a sus restos.

domingo, 9 de junio de 2013

Verdaderos presos políticos
Miguel A. Jaimes N.
En Venezuela, a partir de los años sesenta se dio un proceso de cacería contra los revolucionarios que literalmente irrumpieron contra las políticas desviadas de la derecha venezolana, literalmente, cientos de hombres y mujeres fueron torturados hasta el enloquecimiento y la muerte.
(Foto: La Cuarta República creó cinco campos de concentración llamados Teatros de Operaciones (TO) donde murió parte de una generación rebelde. En una de las fotos “La Carpa de la Verdad”)
Se practico de todo contra indefensos y sublimes seres humanos que eran capaces de dejarse morir, sin que de sus bocas se delatara la resistencia revolucionaria, muchos de ellos, aun están, a algunos se les olvido lo vivido y hoy se arrastran con la derecha, otros, muy dignos se mantienen como incólumes revolucionarios, incluso, andan hasta en silencio.
Recordar hechos, sucesos, fechas, heridos, torturados y muertos, no es cosa fácil, es necesario, pero no es fácil. Los acontecimientos que narrare, esconden la historia trágica y negra de nuestra suciedad política, ya que no podría llamarle sociedad, y que al igual que ahora, muchas veces contada, y la cual jamás debemos olvidar, sobre todo cuando andan una sarta de parejitas gritando por allí que son presos políticos, acusando que este régimen les ha torturado y que les persigue.
Estas notas pretenden ir hacia ellos, pero también hacia nosotros, como muestra de lo que pasara si la derecha venezolana, la cual en toda su historia política a develado rasgos de ser fascista, y muy miserable.
Era el año de 1958 cuando una expresión de la sociedad mundial erigió los caminos del socialismo contra la crueldad derechista, en Venezuela la afilada fiereza contra estos jóvenes la desato la dictadura de Acción Democrática y Copei, quienes en un engaño de alternabilidad gobernaron al país por más de cuarenta años.
Juntos crearon la más temible estructura militar policial, entrenada en la Escuela de las Américas en Panamá, en los propios Estados Unidos, llegando incluso los comandos venezolanos de la DISIP y de la entonces PTJ, hoy CICPC, a ser entrenados en Israel.
Degollaban vivos a palestinos en los campos de tortura israelí, para que los funcionarios como Iván Simonovis, experto francotirador de la PTJ viese como había que masacrar a los revolucionarios. Aquí nadie se pregunta, ¿Cuántos seres humanos asesino Iván Simonovis para ganarse el titulo de francotirador por parte de los israelitas? Esa verdad, tiene que ser develada, sacada, decirle al mundo el ejemplo de este homicida.
Todo en la vida debe de pagarse, dicen lacerantemente los abuelos, y ese poder espiritual debe ser cierto, por eso, digo con todo respeto hacia Iván Simonovis, que su condena de 30 años de prisión, es justa, se la merece.
Producto del asesoramiento militar por parte de EE.UU e Israel, el Ministerio de la Defensa impone la creación de los Teatros de Operaciones (TO) creando cinco en el país, siendo uno de los más sangrientos el TO-5 de Yumare, sitio lúgubre donde se dieron las más feroces torturas y desapariciones, allí mismo había una pista militar de aterrizaje no asfaltada, la misma estaba rodeada de maleza, sitio que la hacía lejana e impenetrable, en ella se cansaron de lanzar a toda hora del día, a guerrilleros aun vivos, torturados, las feroces palizas infringidas a sus cuerpos las terminaban lanzándolos desde lo alto de los helicópteros militares.
Posteriormente a esta pista le colocaron capas de asfalto, y allí esta, aun funciona, este fue el mismo Teatro de Operaciones que ordeno abrir Jaime Lusinchi con el fin de combatir a reductos de la insurrección venezolana, allí llevaron aun vivos a quienes masacraron en lo que se conoció como la masacre de Yumare, en este sitio los torturaron, les partieron sus pómulos a culatazos, y a la única mujer le destrozaron sus senos a machetazos, López Sisco, está fue su obra, verdadero maestro del crimen político en nuestro país, el mismo que se encuentra refugiado y se dice llamar preso político desde algún país centroamericano.
En uno de estos TO existía un tenebroso lugar llamado “La Carpa de la Verdad”, una negra carpa acondicionada con innumerables implementos de tortura, ganchos de acero que inmovilizaban los pies a la altura de los tobillos y se sellaban con un candado, desde el medio eran colgados hombres y torturados hasta que se venían en vomito de sangre.
Allí entraban los torturadores, primero, los de la DIGEPOL y ahora, los de la DISIP, igualmente los más experimentados, diestros y probados comandos de las cuatro fuerzas militares.
En los bares cercanos de oscuras prostitutas, donde las manchadas paredes de las habitaciones olían al hedor de un colchón, estos torturadores saciaban sus mentes de los gritos de sus escalofriantes victimas, después iban a las iglesias para que los curas les regaran agua bendita y les llegara el olor del sahumerio y el trinar de las campanas, así, creer que lavaban sus pecados antes de ir a tocar, darle un beso o contestar y pedir la bendición de sus hijos o de sus madres.
La verdad, aun sigue vivo lo que fue el campo de concentración de Cachipo, Tacarigua con la Isla del Burro, creada en la presidencia de Rafael Caldera, el más cristiano de nuestros presidentes.
Responsables de encarcelamientos, torturas e injustos juicios, como a los que sometieron a los campesinos Pilar Pérez y Anastasio Rodríguez. Pero la saña de sus verdugos no quedaba allí, y el padre de las torturas venezolanas, Rómulo Betancourt, supervisaba personalmente las cárceles y Teatros de Operaciones donde depositaban a cientos de guerrilleros.
La cárcel de La Planta, la cárcel de Trujillo, la cárcel de sabaneta en el Estado Zulia donde estuvieron Zabala y Ochoa, El Cuartel San Carlos, todas vieron pasar a los Farías, Machado, Márquez, García Ponce. La cárcel de Coro sintió la palabra y la furia estratégica del Chema Saher.
No habían leyes que defendían la dignidad humana, así, instrumentaron juicios masivos como el que instalaron en Conejo Blanco, un verdadero estadio lleno de presos políticos, ellos en las gradas y sus esbirros condenándolos desde improvisados pupitres, enflusados, con sus cabellos llenos de gomina, sus lentes de pasta negra y sus bigotes recortados, mientras desde las gradas de aquel estadio Los Cimarrones entonaban himnos revolucionarios en cada condena.
En el Guarataro se realizaban detenciones masivas capturando revolucionarios, igual sucedió en los pocos y dignos curules del senado y del congreso, senadores como Emiro Arrieta y diputados como Héctor Rodríguez Bauza, eran empujados por los fusiles de la guardia Nacional, llevados esposados uno al otro para emprenderles juicio.
Ya se encontraban detenidos y condenándolos Sáez Mérida, Eduardo Machado, Juvencio Pulgar, Solórzano, Colmenares, Carlos Lanz, Freddy Muñoz, José Enrique Mieres, los profesores Tito Núñez y Frank Ortiz, Diego Salazar, Eduardo Liendo, quien era un fuerte muchacho, ahora flaco y pálido de tanto pasar y pasar hambre.
Encarcelados los periodistas Héctor Mujica del Partido Comunista, Eleazar Díaz Rangel, Oswaldo Castro, quien mostraba su espalda lacerada, morada, llena de hematomas de las golpizas que recibió, Richard Izarra, Doris Francia, David Nieves, Paul del Rio, Leobaldo Solórzano, Rafael Uscategui, Carlos Betancourt, Rafael Toro Torres, Dimas Petit, Juan Carlos Crespo, Douglas Carrasco, hombres de miradas desesperadas tras los barrotes, donde colocaban sus débiles dedos tocando aquella injuriosa política dictatorial.

Desde aquellos momentos ya se empezaban a sentir los sables bolivarianos, y fueron aquellos militares que participando en varias intentonas insurreccionales, junto a otros que se incorporaron a las filas de la revolución, quienes fueron dignamente a las cárceles de la injustica, así, eran encarcelados y llevados a juicio Manuel Ponce Rodríguez, Molina Villegas, José María Galvis, el Capitán Víctor Hugo Morales, el Teniente de Fragata Pastor Pausides González, los Alféreces Freddy Figueroa y Rafael Sierra Acosta, el Capitán de Fragata Pedro Medina Silva y Rafael Simón Carrasco.
Nadie se escapo, ningún sector revolucionario paso ileso, este fue el caso de innumerables mujeres luchadoras, “cuando escucho el verbo ser mujer, no tengo otra alternativa que recogerme y dejar que su velo de bondad, disciplina, abnegación y sobre todo el de ser madre, arranquen la pasión por la libertad”.
Ningún torturador de estos que participaron tratando de quebrar la oblación de lucha, está en paz consigo mismo, el espíritu de tantas madres, estoy seguro, a de perseguirles por la cobardía de torturar a sus hijos, encarcelarles injustamente, solo por proponer ideas, e incluso, llegar hasta su muerte.
Las mujeres, madres, luchadoras del ejemplo fueron Adina Bastidas, primera Vicepresidenta de esta noble nación, la siguieron Marina Suzzarin, Carmen Teresa Silva, Ana Josefina Sierra, Clara Borett de Padilla, Carmen Aurora Parra, Constanza Centeno, Emperatriz Guzmán, las valerosas presas del Cuartel San Carlos: Nancy Zambrano, Emperatriz Pírela, Luz Odilia Carrasquero, Ketty Mejías, Lidice Navas, Vanessa Davies, Blanca Rosa Eekouth, Lilian Cristina, Ana Ramírez, Primitiva Rodríguez y Norelis Pérez Marcano.
Si nosotros no tuviéramos historia, esta no nos permitiría enterarnos y analizar los que hoy no están con nosotros, y no me refiero a su ausencia de vida, describo la presencia física en ausencia, aquellos que fueron ejemplo, valor y coraje, pero que se dejaron ofuscar en sus pretextos personales, algunos de ellos traicionando doblemente a la gente que ayer noblemente les siguió.
Me refiero a Luis Miquilena, Teodoro Petkoff, Agustín Blanco Muñoz, Héctor Pérez Marcano, Américo Martí, Pompeyo Márquez, Argelia Mielet y Gabriel Puerta Ponce, a quien lo torturaron ferozmente, pero hoy esta con sus torturadores adeco-copeyanos.
Cuando miro lo vivido por estos seres humanos, advierto a los presentes de lo que nos pasaría si la pavura adeco copeyana se adueñara nuevamente de nuestra libertad, de nuestra constitución y de nuestras instituciones.

Ya tenemos una historia que nos ha tocado mucho superar, retroceder seria perdernos por varios siglos

miércoles, 5 de junio de 2013

Imputado exdirector de Inteligencia de antigua Disip por masacre de Cantaura


Foto:Agencia
José Domínguez Yépez, exdirector de Inteligencia de la antigua Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip), fue imputado este miércoles por el Ministerio Público por su presunta vinculación con la muerte de 23 miembros del Frente Américo Silva, durante la llamada Masacre de Cantaura, ocurrida el 4 de octubre de 1982.
Aproximadamente 400 efectivos de las Fuerzas Armadas Nacionales y decenas de funcionarios de la Disip atacaron un campamento donde perecieron hombres y mujeres, con edades comprendidas entre 16 y 30 años.
Las víctimas fueron: Roberto Rincón Cabrera, Emperatriz Guzmán Cordero, Carmen Rojas García, Sor Alonso Salazar, José Núñez, Mauricio Tejada, Enrique Márquez Velásquez, Carlos Hernández Arzola, Idemar Castillo, Luisa Estévez Arranz, Baudilio Herrera Veracierto, José Becerra Navarro, Eumenedis Ysoida Gutiérrez Rojas, Diego Carrasquel, Luis Gómez, Antonio Echegarreta, Eusebio Martel Daza, Rubén Castro Batista, Nelson Pacín Callazo, José Zerpa, Carlos Zambrano Mira, Beatriz Jiménez y Julio Faría Mejía.
El exfuncionario es acusado por la presunta comisión del delito de concurso real en el homicidio calificado con alevosía y motivos innobles de las 23 víctimas fatales. La acusación fue presentada por los fiscales nacionales 38° y auxiliar, junto a la 51° nacional, Jhonny Méndez, Denisse Rodríguez y Rochelly Barboza.
Para este jueves 6 de junio está prevista la comparecencia para ser imputado  de Ismael Antonio Guzmán (excomandante del Batallón de Cazadores del Ejército “Coronel, Vicente Campos Elías N° 63), mientras que para el viernes 7, está fijada la del exdirector de la Disip, Remberto Uzcátegui Bruzual.
Este caso ha sido impulsado por la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, a través de la creación de la comisión especial de fiscales que investigan los crímenes, desapariciones, torturas y otras violaciones a los derechos humanos ocurridas en el período 1958-1998.

lunes, 3 de junio de 2013

Se cumplieron 51 años

El Porteñazo fue grito de rebelión contra el puntofijismo


En El Porteñazo se produjeron, aproximadamente, 400 muertos y 700 heridos, según cifras del Ministerio de Relaciones Interiores de entonces, a cargo de Carlos Andrés Pérez/ Foto: Archivo
El alzamiento cívico-militar del 2 de junio de 1962 ocurrido en la Base Naval de Puerto Cabello, conocido como El Porteñazo, respondió a las falsa democracia del presidente Rómulo Betancourt, quien al asumir la presidencia de la República en 1959 orientó su política contra las luchas populares, que habían derrocado al dictador Marcos Pérez Jiménez (1953-1958).
CN Manuel Ponte Rodríguez, CF Pedro Medina Silva y CC Víctor Hugo Morales, jefes rebeldes
Esta rebelión militar, que cumplió 51 años, estuvo encabezada por el Capitán de Navío Manuel Ponte Rodríguez, el Capitán de Fragata Pedro Medina Silva y el capitán de Corbeta Víctor Hugo Morales, se sumó a los alzamientos de ese mismo año conocidos como El Carupanazo y El Guairazo, así como El Barcelonazo en 1960 y otros tantos movimientos insurgentes de las décadas de 1960 y 1970, por la construcción de un país soberano e independiente en contraposición de la Venezuela entregada al imperialismo estadounidense.
"Fue toda una generación militar inspirada en el ejemplo (del coronel) Hugo Trejo, valiente militar que se alzó el primero de enero de 1958 en contra de la tiranía y que le demostró al país que las Fuerzas Armadas no estaban honoríficamente unidas alrededor del tirano Pérez Jímenez", explica el historiadorLionel Muñoz.
Señaló que para entender El Porteñazo hay que ubicarse en el 23 de enero de 1958, cuando hubo una gran celebración en todo el país por el derrocamiento de la dictadura y por el ejercicio pleno de las libertades públicas.
Sin embargo, "ese ambiente que envolvió a Venezuela fue abandonado como consecuencia de la orientación anticomunista, dicho por el mismo (Betancourt) en su discurso de instalación y además ejecutado mediante diversas acciones de su gobierno".
Recuerda el también analista político que "cómo consecuencia de ello, vastos sectores, entre ellos el Partido Comunista quedaron excluidos, no sólo de lo que fue el Pacto de Punto Fijo, sino de cualquier consideración en términos del ejercicio de sus derechos como organización política o partido en el seno de la sociedad venezolana".
"Esto dio como resultado un conjunto de respuestas que derivaron en la política de la lucha armada que asumió la izquierda en ese tiempo y a su vez tuvo repercusión en los cuarteles".
La respuesta del gobierno de Acción Democrática ante El Porteñazo fue el bombardeo del Fortín Solano, así como ataques por mar y tierra,produciéndose un combate frontal que dejó un saldo aproximado de 400 muertos y 700 heridos, según cifras del Ministerio de Relaciones Interiores de entonces, a cargo de Carlos Andrés Pérez, quien años después reprimiría a la población venezolana en el estallido social denominado El Caracazo.
Lo que buscaba el Porteñazo "era sustituir el gobierno de Betancourt, objetivo que perseguían todos los alzamientos militares de la época, justamente en procura de un gobierno que defendiera los intereses nacionales, que garantizase a los venezolanos y venezolanas mejores condiciones de vida, que defendiera la soberanía nacional en todos sus sentidos", añade el historiador.
El Gobierno de Betancourt se caracterizó por su violencia, "allanó universidades, sindicatos, apresó a la disidencia política, aniquiló y aplastó políticamente a la disidencia que había en ese momento en Venezuela", recuerda.
Unidad cívico-militar
En función de los alcances de estos objetivos es que se pronuncia el pueblo venezolano expresado en la unidad cívico-militar en Puerto Cabello;pronunciamientos que "muchos años después hemos cristalizado gracias a la conducción política del presidente Chávez", destaca Muñoz.
Señaló, además, que actualmente en Venezuela se construye una propuesta política "en la que la unidad cívico-militar es un ingrediente fundamental" por lo que "conviene rememorar aquella fecha y aquellos hombres y mujeres que combatieron valientemente en el alzamiento de Puerto Cabello, (...) orientados por las ideas más progresistas, más inclusivas, como lo eran y lo siguen siendo las luchas por la liberación nacional y las reivindicaciones más sentidas de nuestro pueblo".
Infantes de Marina capturados